Revista Oriental

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ANÉCDOTAS DE SAN MARTÍN

Abundan los sucesos en la vida del Generalísimo. Era un modelo de orden y disciplina, de perseverancia admirable y de rectitud moral sin tacha.
Siempre hay detalles de su biografía que enaltecen su figura y la del Perú, por él liberada.Miscelaneos San Martin

 

SOÑANDO UNA BANDERA

En setiembre de 1820, desembarcan en la bahía Paracas, en Pisco, el ejército de los Andes, integrado por soldados argentinos y chilenos, al mando del general San Martín. Una parte de las fuerzas expedicionarias se dirigen a Ica, encabezados por Álvarez de Arenales, quien proclamó en dicha ciudad, la independencia del Perú.
Mientras tanto, San Martín descansaba a la sombra de una palmera, quedándose dormido. Soñó con una bandera, rectangular, formado por cuatro triángulos, dos de color rojo y dos encima uno del otro de color blanco. Al despertar, vio alzando vuelo varias pariguanas, con el pecho blanco y las alas rojas. Decidió que esa era los colores de la futura bandera del Perú. Posteriormente se transformó en franjas verticales, dos rojas en ambos extremos y al centro la blanca. Se enarboló este símbolo patrio en los campos de batallas de Ayacucho, con la victoria del ejército patriota y sellando la libertad del Perú y América del Sur. Se considera al general San Martín el creador de las banderas de Argentina y del Perú.

EL CORREO INDIO
DE SAN MARTÍN

Esperando el momento propicio para entrar en Lima, San Martín estableció su campamento en Huaura. En Lima contaba con numerosos partidarios de la Independencia; pero no podía comunicarse con ellos porque las tropas del general José de la Serna, jefe realista, detenían a los mensajeros. Una mañana, el general San Martín encontró a un indio alfarero. Se quedó mirándolo un largo rato. Luego lo llamó aparte y le dijo; -¿Quieres ser libre y que tus hermanos también lo sean? -Sí, usía… ¡cómo no he de quererlo! – respondió, sumiso, el indio. -¿Te animas a fabricar doce ollas, en las cuales pueden esconderse doce mensajes? -Sí, mi general, ¡cómo no he de animarme! Poco tiempo después Díaz, el indio alfarero, partía para Lima con sus doce ollas mensajeras disimuladas entre el resto de la mercancía. Llevaba el encargo de San Martín de vendérselas al sacerdote Luna Pizarro, decidido patriota. La contraseña que había combinado hacía tiempo era: “un cortado de cuatro reales” Grande fue la sorpresa del sacerdote, que ignoraba cómo llegarían los mensajes, al ver cómo el indio quería venderle las doce ollas en las que él no tenía ningún interés. Díaz tiró una de ellas al suelo, disimuladamente, y el sacerdote pudo ver un diminuto papel escondido en el barro. -¿Cuánto quieres por todas? Preguntó al indio. Un cortado de cuatro reales – respondió Díaz, usando la contraseña convenida. Poco después, el ejército libertador, usaba esta nueva frase de reconocimiento. -Con días y ollas… ¡venceremos!

¡QUIERO HABLAR
CON EL SEÑOR SAN MARTÍN!

El capitán Toribio Reyes, pagador de los sueldos del regimiento, llegó a la casa de San Martín, para contarle que se ha gastado el dinero que tenía para pagar a los soldados. Le explica que acude al Señor San Martín, porque no quiere que se entere el general San Martín, de una acción tan vil que ha cometido y para expresarle su arrepentimiento. El Libertador le pregunta si el general lo sabe y Toribio le responde que no, entonces le dice: – ¿Cuánto dinero necesita? − 20 onzas, que pienso devolver en cuanto me sea posible – responde. San Martín le da el dinero y le recomienda, que no se entere el general San Martín porque sería capaz de pasarlo por las armas.

 

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