Revista Oriental

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AQUELLA AMISTAD QUE NO TUVO FRONTERAS

Parte 2
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Continuando contando mis emociones ante el porvenir incierto que me esperaba después de abandonar mi hogar paterno y de haber consolidado unas amistades profundas con mis paisanos y mis amigos de la infancia, los descendientes “Tusan”; los Dejo, Chullen y Roberto Jep, quienes eran los promotores de invitar a sus vecinos Alfredo Chang Cuan, Carlos Fong Sam y David y Carlos Wong; con ellos aspirábamos a conocer las últimas noticias de los adelantados en los negocios bajo el amparo de la privilegiada comida china-cantones; de esas frondosas reuniones, donde nuestras costumbres sanas y purísimas sentían todo lo que significaba el ensayo de unas vidas llenas de compañerismo para constituir la sociedad de la hermandad de una “Sociedad sin Fronteras”, que después de un buen tiempo de animadas conversaciones sobre los acontecimientos desgarradores de la Guerra China con Japón, fue la corriente de donde las ideas de conduciéndonos a la fundación de la perdurable Revista “Oriental”, la cual por el infatigable trabajo intelectual de su director fundador Alfredo Chang Cuan, quien se entrego, con fe y con libre alma, a dar noticia verdadera y grande sobre los acontecimientos principalmente de los países asiáticos consiguiendo la agradable amistad de las colonias asiáticas que iban estableciéndose en la ciudad capital de nuestro país; y como nada hay de absoluto, sucedió el otro inesperado fruto, mi asombroso nombramiento de Cónsul honorario de China para las provincias de Chepen, San Pedro de Lloc y Pacasmayo, lo cual se esperaba, con ansiedad, para darle protección y las esperanza de mejor vida con seguridad de trabajo para encarar el futuro; es decir, lograr una nueva visión social y para que el trabajador Chino ya no esté subordinando a un patrón de campo.
Recordando esas épocas de nuestra juventud, sin desatender nuestros trabajos, nos poníamos de acuerdo para reunirnos generalmente días sábados o domingos para gozar de la vida; y al recordar entonces aquellos días, se entrelazaban en nuestra amena conversación, todos los sucesos de la historia de China, repasando los lugares testigos de las pasadas alegrías y tristezas de sus antepasados; y al mismo tiempo, que se repetían las noticias sobre la cruenta guerra Chino-Japonesa, un drama nacional de los destrozos sufridos por las apacibles ciudades chinas, donde los disparos y estampidas de cañones y bombas causaban la muerte, no dejando con vida a ningún habitante. En esos momentos tristes y reflexivos, Alfredo Chang Cuan, nos dijo con su rostro animado de compañerismo que de nada servía seguir pensando en venganzas de las traiciones de un enemigo sin alma; y luego de esa magnífica versión, nació la idea genial de formar una subcomisión para pedir socorro y colaborar con la Cruz Roja de China, por lo que todos, nos abrazamos y juramos en nuestro compañerismo lleno de entusiasmo, para realizar, desde ese mismo momento, esa sagrada misión de caridad humana; acordando a la vez, que fuera yo, como Chiclayano conocido, con la compañía de Pedro Chullen y David Wong, para recolectar los fondos y remesarlos por Cartas Comerciales irrevocables expedidas por el Banco Internacional del Perú, instruyendo a los bancos corresponsables de Hong Kong o Macao cuando estos territorios eran colonias de Inglaterra y Francia, respectivamente, remesas que por montos importantes recibía la Cruz Roja China. Después de un tiempo, y por el gran éxito logrado, mi gran amigo y hermano me animo para enseñarme a escribir artículos en su revista “Oriental”, cuya circulación aumentaba de año en año, con lectura apreciada en el medio cultural de las comunidades asiáticas del país y del continente China continental. Precisamente, la notica de nuestra ayuda generosa y caritativa que remitíamos para mitigar el dolor del pueblo Chino por intermedio de la Cruz Roja China llegó a conocimiento del Gobierno Central de China, del que recibí el premio nunca soñado de mi nombramiento de Cónsul honorario para la provincia de Pacasmayo. La recompensa de esos servicios tan humanos, me retribuyó con la amistad sincera, digna y considerada de todos los miembros numerosos de las colonias Chinas de todo el Norte y Centro de mi país.
Afortunadamente, esa leyenda que se forjaba en esa época y en defensa del dolor de un pueblo no debe ser nunca olvidada; mas, cuando quedó demostrado que para mi nombramiento no pudo tener sentimientos interesados, la Cancillería del Gobierno de China procedió por honor al mérito porque es un pueblo con cultura universal que hace honor con respeto inefable por los territorios que le dieron cobija transitoriamente, nunca les nació la idea de apoderarse de otro territorio.
En mi último libro “Nuevas Rutas Bancarias” publicado en primera edición impresa de la Editorial y Gráfica EBRA en febrero del 2013, divulgo la nota “La llegada de los inmigrantes Chinos” escrita por el eminente escritor Bavin Mazies, titulado “1421 el año en que China descubrió el Nuevo Mundo”. El hecho ocurrió en el tiempo imperial de los Mandarines de la civilización Ming entre 1368-1644, cuando navegaba un convoy con mercaderías, una fuerte tormenta los desvío de la ruta, para entrar por casualidad por el Polo Sur al mar Pacífico; y en cuya ocasión se presentaron a los Incas del Perú y a los reyes Aztecas de México, guardándoles respeto, descubriendo nuevos territorios, sin pretender conquistarlos para su gobierno histórico y universal.

Escribe: E.W. Ibañez I.
Ex cónsul de República de China en Pacasmayo

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