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ARTÍFICES DE UNA REPRESENTATIVA INSTITUCIÓN


Hacia 1914, al cumplirse tres lustros de la presencia japonesa, existían dos instituciones que reunían a los inmigrantes, según el libro “Andando 75 años por los caminos del Perú”, la Asociación Japonesa, integrada por intelectuales; y, la Asociación Fraternal Japonesa, de carácter abierto.
Ambas, aspiraban a constituirse en la entidad representativa de la comunidad, pero las diferencias impedían conciliar objetivos comunes. Empero, la celebración de la entronización del nuevo emperador Taisho, en 1915, demandaba la unidad, aunque no hubo forma de vertebrarlas.
El arribo del cónsul Kazu Saito, en 1917, cambio la historia. Un integrante de la Asociación Japonesa, Juntaro Tanaka, reconoció en el diplomático cualidades humanas y le pidió interponer sus buenos oficios para el acercamiento.
Saito aceptó y a principios de 1917 comenzó a invitar a sendas reuniones a representantes de las dos partes, teniendo como elemento adicional al té, para generar ambiente de paz, conciliación y comunicación.
Y el resultado fue positivo, al proyectar la creación de una entidad única dándole el nombre de Sociedad Central Japonesa del Perú; designándose presidente de la comisión organizadora, y posteriormente presidente fundador, al gerente de la compañía Morioka, Kannosuke Iida; el 31 de octubre de 1917 se daba nacimiento oficial en ceremonia protocolar.
Kannosuke Iida, natural de la prefectura Mie, había estudiado agronomía en la Universidad de Tokio y laboró en la prefectura de Toyama, para luego ingresar a Morioka y trabajar para ella en Perú; el padre de Kannosuke fue gobernador y el cargo le permitió tener un apellido y usar la espada, un estatus importante a mediados del siglo XIX.
Su nieto, Federico Iida, recuerda que el abuelo llegó con los primeros inmigrantes a bordo del barco Saku Maru, en calidad de inspector, y en 1903, en la nave Duke of White volvió a retornar a Perú para laborar como capataz en la haciendo Santa Clara, en el ahora distrito de Ate-Vitarte, y al concluir su contrato asumió la gerencia general de Morioka.
Las nieta, Rita Iida, rememora que el nombre de Kannosuke Iida es símbolo de unificación y honradez, manteniendo una relación fructífera con el entonces presidente del Perú, Augusto Bernardino Leguía, incluso siendo invitado a Palacio de Gobierno en varias oportunidades.
OBRAS QUE SON AMORES
La sede central de la APJ es el Centro Cultural Peruano Japonés (CCPJ), levantado en 1967 sobre 10 mil metros cuadrados en la Residencial San Felipe de Jesús María y donado por el gobierno, del entonces presidente Fernando Belaunde (1963-68), en compensación por los colegios confiscados y otros prejuicios cometidos contra los japoneses residentes durante la II Guerra Mundial.
El edificio fue inaugurado con la presencia del gobernante Belaunde y de los entonces príncipes Akihito y Michiko, luego emperadores del imperio del Sol Naciente, sembrándose dos pinos como símbolo de la fructífera relación sino peruana.
Un recorrido sumario nos lleva a que la comunidad japonesa donó al país el monumento a Manco Cápac, en el primer centenario de la República; en el cuatricentenario de Lima regaló la piscina Nippon en el antiguo Estadio Nacional.
Entre 1941 y 1955 hubo una suspensión de las relaciones peruanojaponesas, por la conflagración bélica.
En 1974, recordando el reestablecimiento de las relaciones diplomáticas bilaterales, en el Parque de la Exposición se levantó el Jardín Japonés y la Casa de Té; en 1981 se inauguró la primera etapa del Policlínico Peruano Japonés.
En 1989, la escultura Gracia Sakura se colocó en la entrada del CCPJ; en 1982 abrió el Centro Recreacional Ryoichi Jinnai; en 1993, entró en servicio el Teatro Peruano Japonés; en 1995, se inauguró la Torre Jinnai, con la visita del filántropo Ryochi Jinnai.
En 1999, se conmemoró el primer centenario de la presencia japonesa en el Perú, con actos protocolares en el Congreso de la República y la inauguración del Puente de la Amistad Peruano Japonesa en el Campo de Marte y en ceremonia realizada el 30 de mayo de ese mismo año, se coloca la primera piedra de la Clínica Centenario Peruano Japonesa.
En el 2000, se inauguró la biblioteca Elena Kohatsu y en el 2005 se abrió la Clínica Centenario Peruano Japonesa en Pueblo Libre.
En el discurrir de la trayectoria, tampoco pueden quedar al margen los planteles japoneses abiertos en Lima y provincias, como contribución a favor de la educación, los albergues Enmanuel, entre otras obras sociales y culturales.

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