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EVOCANDO A TILSA TSUCHIYA

Notable artista de ascendencia japonesa y china

Miscelaneos Tilsa Tsuchiya1

Tilsa Tsuchiya Castillo, la séptima de los ocho hijos del hogar formado por el médico japonés Yoshigoro Tsuchiya y de la tusan peruana María Castillo, nació en Supe el 24 de septiembre de 1928 y falleció, víctima del cáncer, un día antes de cumplir 56 años, es una de las artistas plásticas peruanas de mayor reconocimiento nacional e internacional.
En 1947 había ingresado a la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), pues la vocación artística le había brotado en sus épocas de escolar al contemplar a uno de sus hermanos mayores, Wilfredo, dibujar, y culminar sus estudios le significó grandes sacrificios, debido a que sus progenitores murieron poco después de acceder a ese campus; además, que los japoneses y sus descendientes aún eran objeto de represalias por el tema de la II Guerra Mundial.
Si bien dejó de estudiar temporalmente para ayudar a su hermano Wilfredo para abrir una vidriería y un taller de enmarcado en el Barrio Chino, retornó a lo académico con la oportunidad de tener de maestros a Carlos Quízpez Asín y Ricardo Grau, egresando con el Gran Premio de Honor y Medalla de Oro (1959), teniendo como condiscípulos a artistas de la talla de Alberto Quintanilla, Gerardo Chávez y Milner Cajahuaringa, entre otros.
Tsuchiya obtuvo una beca a Francia; previamente, realizó su primera muestra individual en el Instituto de Arte Contemporáneo con bodegones que recreaban sus vivencias en Capón y sus inmediaciones
“A París llegué con un miedo horrible. Al pasar por Italia, su arte me aplastó. Boticelli, Fra Angélico, Piero della Francesca, hasta una columna en medio de la calle, me abrumaron. Pensé que lo que acababa de ver no era obra de hombres sino de dioses y yo, no era un diosa”, fueron sus primeras impresiones. Estudió francés, historia del arte y grabado. Tilsa llegó a París consciente de que en Lima había aprendido a pintar y que ahora necesitaba ampliar sus conocimientos en otras disciplinas.
Le interesó muchísimo el arte medieval y no el que se gestaba durante su estadía. Al respecto declaró: “Viendo todo lo nuevo, fácilmente hubiera podido `pegarme´a lo que cambia todas las semanas. Creo que un artista debe seguir lo que le nace, debe ser fiel a sus voces interiores, y no cambiar cuando cambian los gustos o las demandas del mercado. A mí nada de eso me interesa”.
En tres años Tilsa maduró. Se las ingenió para vivir con poco dinero. Enfermó de tuberculosis. Se casó con Charles Mecier y tuvo a su hijo Gilles.
Cuando regresó al Perú, en 1967, comenzó a desarrollar su mitología personal que iba contra las propuestas visuales de ese entonces. Tilsa encontró en el dibujo la herramienta perfecta para hacer bocetos de sus cuadros y probar modificaciones y variantes. Por ello no sorprende que se dedicara a hacer ilustraciones. De su amistad con el poeta Arturo Corcuera nacieron las ilustraciones para el poemario “Noé delirante” y “De los duendes y la Villa de Santa Inés”.
En la década del ‘70 el erotismo fue el tema central de sus obras. Para Tsuchiya los grandes amores eran símbolos de unidad y armonía. De allí se desprende “Tristán e Isolda” (1975), cuadro que la consagró como una de las pintoras más importantes del país. En él se muestra a un hombre y una mujer sin brazos frente a frente con las lenguas entrelazadas sobre una nube que flota por encima de un paisaje de montañas y árboles. La artista solo expuso este cuadro acompañado de la ópera de Wagner. Incluso no estaba en venta, pues sería la herencia para su hijo Gilles. Solo se vendió el grabado.
Este cuadro abre la serie más importante de la artista: “Los Mitos” donde exploró los símbolos espirituales de la memoria colectiva desde su propia visión. Sus personajes de leyenda se adueñaron de sus lienzos. En un principio tenían rasgos de culturas precolombinas. Luego adquirieron rasgos más humanos que recuerdan a los personajes de las leyendas del mundo andino.
Mientras alcanzaba la cumbre de su carrera, a Tilsa le detectaron cáncer. Antes de su muerte, se realizó una retrospectiva de su obra en la galería de arte de Petroperú. A pesar de su delicado estado, Tilsa visitó la muestra acompañada de su discípulo Bruno Zepilli.
Sus obras han recorrido las salas de arte de México, París, La Habana, Medellín, Amsterdan, Caracas, Quito y el Salón de las Naciones Unidas en Washington. A 30 años de su muerte Tilsa Tsuchiya continua inspirando a nuevas generaciones de artistas.
(*) El texto original de esta nota corresponde a Lilia CórdovaTábori
Archivo Histórico El Comercio (Post completo: Huellas Digitales)

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