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Hace 115 años que vinieron del Japón

Miscelaneos Inmigracion japonesaVestimentas de una partida de japonesas dedicadas a las faenas agrícolas.(Foto: Albúm Gráfico e Informativo del Perú y Bolivia de NIPPI SHIMPO, pag 70, 1924.MCIJP).

l tiempo transcurre inexorablemente y, en nuestra colectividad peruano japonesa, sentimos los méritos de nuestros antepasados que llegaron al Callao el 3 de abril de 1899, o sea hace 115 años, en busca de mejores oportunidades, posibilidades o proyecciones.

Salieron de Yokohama, Japón, 790 personas, el 27 de febrero de 1899, en el barco “Sakura Maru”. Casi todos ellos tenían entre 20 y 30 años de edad y, física y psicológicamente, bien dispuestos y calificados para realizar trabajos sobre todo en agricultura.

El Sakura Maru llegó al Callao y de allí transportó a los ciudadanos japoneses a los puertos de Ancón (Haciendas Puente Piedra, Caudevilla y Estrella); Chancay (Hacienda Palpa); Supe (Hacienda San Nicolás); Salaverry (Hacienda Pampas); Pacasmayo (Hacienda Lurífico); Eten (Haciendas Cayalti y Pomalca); y Cerro Azul (Haciendas Casablanca, Santa Bárbara y La Quebrada).

La valoración del período acontecido entre 1899 y el 2014 es altamente admirable y favorable. Las generaciones han aportado lo mejor para el desarrollo del país, individualmente destacan en la banca, industria y comercio. En nuestra esfera hay instituciones educativas con renombre; asociaciones culturales, sociales y deportivas con prestigio nacional, que aglutinan a miles de miembros y reciben los beneficios del servicio y de la inmejorable infraestructura; cooperativas exitosas que fomentan las microempresas o el comercio y la industria.

Hablar del pasado es recordar, permanentemente, que hubo esfuerzo, unión, solidaridad para lograr resultados. El mejor ejemplo de la buena causa lo constituyen las generaciones que les siguieron  y las que vendrán, por las cuales debemos dar lo mejor para conseguir los altos propósitos que todos esperamos. Es nuestro propósito decir a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de la colectividad que tienen un pasado muy rico y un futuro promisorio.

Sin embargo, no podemos dejar de mencionar que se suscitaron problemas con el primer contingente que desembarcó en el país. Nuestros padres tuvieron problemas o dificultades, entre ellas, el idioma, alimentación, adaptación, socialización (limitaciones culturales), incompatibilidades sociales.

Lamentablemente, no hubo opor-tunidad de encontrar soluciones de tipo humanitario y racional acorde con la dignidad de los cientos de seres humanos. Muchos perdieron la vida durante el primer año por las penurias que pasaron, originadas por las enfermedades, inadecuada asistencia médica e inapropiada vivienda, violencia y crueldad. Otros escaparon, algunos lo lograron y otros optaron por regresar al Japón. La vida, en esas condiciones, fue muy difícil, estaban en tierra extraña con costumbres diferentes.

La II Guerra Mundial y sus derivaciones políticas (1941-1950) hicieron cambiar, bruscamente, la vida de la colectividad. En el citado período los inmigrantes japoneses exitosos, al igual que los alemanes e italianos, sufrieron persecución, nacionalización de sus propiedades y deportación.  Fueron años difíciles, tristes y penosos  que los llevaron a intensificar o desarrollar sus conocimientos, actitudes y habilidades para afrontar la vida en sus facetas económica, social y cultural del país. La capacidad y la calidad de sus integrantes hicieron posible obtener resultados y salir adelante para proyectarse hacia el futuro con nuevos ánimos y renovados bríos.

La generación siguiente debe tener la oportunidad de escuchar cómo se  gestaron muchos hechos que forman parte de la vida e historia de la colectividad peruano japonesa, que sepan que tienen raíces muy profundas que fortalecen la personalidad y la identidad. El  cariño a los antepasados debe ser firme o duradero por el gran ejemplo de vida que transmitieron a sus descendientes. Ponderar y reconocer las enseñanzas de amor, sacrificio, perseverancia, laboriosidad,  honestidad, responsabilidad y solidaridad es, a su vez, el mejor legado para las futuras generaciones.

Deseamos que la próxima generación sea amante de la paz, la libertad, la justicia y la democracia. Por ello, la importancia que los jóvenes conozcan sus orígenes, se involucren en las actividades de las asociaciones prefecturales, estudien  japonés, comprendan la cultura japonesa, postulen a las becas de la Embajada del Japón, de JICA y de cuanto organismo brinde oportunidades de superación profesional. Teniendo la verdad en la mano, será posible comprometerlos en la lucha contra los dramáticos problemas contemporáneos: intolerancia, injusticia, drogadicción, corrupción, desempleo, delincuencia. Nuestros padres sentirán que no fueron en vano sus abnegados esfuerzos, que sus acciones  no estuvieron limitadas por el tiempo ni por el espacio, que continúan vigentes. Desde que vinieron al país, han señalado una dirección universal: sin distinción de etnia, nacionalidad o credo. El pensamiento de nuestros ancestros fue trascendente e impulsaron la fraternidad entre los hombres.

La primera generación (issei) tuvo la virtud de dejar a la siguiente como herencia, sus valores, principios, costumbres y tradiciones. La segunda (nisei) mantener la posta e integrar la colectividad con la comunidad nacional. La tercera (sansei) amalgamar los logros de la primera y segunda y añadir el ingrediente de la educación superior para acelerar el desarrollo y crecimiento del Perú.

Se denomina nikkei a todo descendiente de origen japonés. Es la contribución que nuestros mayores querían y nos toca a las generaciones nikkei, preservarlas, asegurarlas para que el Perú sea  grande.

 

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