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PREMIO TANG

El Nobel de Asia
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La Fundación del Premio Tang, organizó entre la última semana de septiembre un conjunto de actividades en torno al accésit, en la que incluyó conferencias en honor a los premiados. Ha sido en Taipei donde, ante la expectación de muchos científicos y curiosos, han tenido lugar diversos debates entre los internacionales académicos y otros científicos nacionales sobre diferentes temas de especialización.
Pero conviene recordar, lo primero es lo primero, un poco de su historia. El Premio Tang, conocido ya por muchos como el “Premio Nobel de Asia”, fue establecido en 2012 por un conocido empresario, Samuel Yin. El propósito fundacional era sencillo: galardonar las propuestas más originales presentadas por investigadores de cualquier nacionalidad o etnia en base a sus labores de investigación sobre el género humano, todo ello en cuatro campos de extraordinaria importancia: el desarrollo sostenible, la sinología, la ciencia biofarmacéutica y el imperio de la ley.
Así es precisamente como fue establecida en 2012 la Fundación del Premio Tang, gracias al enorme interés y la subsecuente generosa donación de 100 millones de dólares americanos por parte de Yin, presidente del Grupo Ruentex de Taiwán, con influencia en las finanzas, la educación, la construcción, o los servicios médicos entre otros. En cuanto al origen del nombre, todo se remonta a la dinastía Tang (618-907), una época considerada por muchos el cénit de la propia antigua civilización china.
El Premio Tang, por tanto, se constituía en el año 2014 y se presentaba como el primer premio académico de Taiwán a nivel mundial. Aquel año, Taiwán asentaba sin duda las bases de un Premio que daría mucho que hablar en el futuro –incluso en el corto plazo-, un premio para el talento y la experiencia de los mejores, un puente para proyectar el intercambio entre los académicos taiwaneses y los internacionales, y por qué no también para hacer publicidad de Taiwán.
Volviendo pues al presente, a una semana científica cargada de actividades, los premiados de esta segunda edición han sido el científico estadounidense Arthur H. Rosenfeld (Desarrollo Sostenible); los científicos Jennifer A. Doudna, Feng Zhang y Emmanuelle Charpentier (Biomedicina); el académico William Theodore de Bary (Sinología); y, Louise Arbour, jurista experta en Derecho Internacional (Estado de Derecho).
Entre algunas de las contribuciones más importantes cabe destacar en el terreno de la biofarmacéutica, los académicos Charpentier, Doudna y Feng recordaron la importancia de adentrarse en nuevas biotecnologías; el profesor Gadgil (representante de Rosenfeld) advirtió de los riesgos de la búsqueda de energía nuclear, reconociendo el escaso conocimiento del ser humano en lo relativo a almacenamiento y manejo de residuos nucleares; la renombrada jurista Arbour, por su parte criticaba el uso de la tortura en la guerra global, haciendo un símil con los horrores y las atrocidades llevados a cabo por los nazis durante la Segundo guerra Mundial.
Así pues, con una agenda llena de actividades en las que se han sucedido grandes encuentros y anécdotas, el II Premio Tang ha sido celebrado con gran expectación y ya se están percibiendo buenas impresiones en la ciudad de Taipei, a la espera de tener la mayor repercusión posible en el mundo académico internacional, así como en el interés de cualquier ciudadano atraído por el entusiasmo, la riqueza y la pasión científica que comparten tan singulares maestros.

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