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REVOLUCIÓN AJEDRECÍSTICA

Superando a los grandes maestros rusos

No hace tantos años, era impensable ganar una Olimpiada de Ajedrez sin jugar en el equipo ruso (o soviético). China culminó la proeza de lograr el oro en categoría masculina y femenina en Batumi, Georgia, un doblete que no ocurría desde 1986, dos años antes de la irrupción de las hermanas Polgar en Tesalónica, tres niñas húngaras que acabaron con la dictadura de la ex Unión Soviética.
El doble oro chino no fue sencillo, sin embargo, debido a los múltiples empates en la clasificación final. En hombres terminaron igualados a puntos China, Estados Unidos y Rusia. Chinas y ucranias dirimieron el título en el cuadro femenino gracias al resultado del encuentro Mónaco-México. Para el masculino fue fundamental el duelo Bangladesh-Panamá. Una moneda al aire no habría sido más injusta.
«En la última Olimpiada, el sistema de desempate nos benefició», recordó con deportividad Caruana. «La plata es un buen resultado. Felicidades a China por ganar en ambas secciones, dijo el número uno de Estados Unidos, que en unas semanas afrontará el mayor reto de su vida: tratar de derrocar al campeón del mundo, Magnus Carlsen. De momento, guarda en la maleta a Londres varios kilos de moral. Logró también la medalla de plata individual y en la lista Elo (que rige la clasificación mundial) ha ganado puntos y ya está a menos de siete del número uno.
La Olimpiada de Ajedrez es una de las mayores competiciones deportivas por equipos, un festival multicolor con casi dos mil participantes, donde este año se vio incluso una petición de mano. En Batumi lucharon 150 selecciones en cada categoría, femenina y masculina (o abierta, porque pueden participar mujeres, aunque muy pocas lo hagan).
Pese al factor suerte, que incluso en el ajedrez tiene su importancia, la victoria de China no fue casual. Los hombres ya ganaron en 2014 en Tromso (Noruega), mientras que las mujeres acumulan tres oros seguidos. Tienen además una campeona del mundo, Ju Wenjun, que derrotó en la última partida, dramática, a la ex reina Alexandra Kosteniuk. Las rusas se cayeron del podio, aunque no llevan tanto tiempo como sus compañeros (desde 2002) sin ganar el título. Ellos acumulan ocho Olimpiadas seguidas –se juega cada dos años– en blanco, pese a los esfuerzos de su federación y del propio Putin por recuperar el trono. Para apreciar la magnitud del descalabro, basta un dato: Rusia había ganado los doce campeonatos anteriores a la edición de 2004.
En Estados Unidos la decepción no fue tan grande. Siguen por encima de los rusos gracias a un modelo basado en el mecenazgo (y el trabajo, por supuesto), con el multimillonario Rex Sinquefield como principal impulsor.
En cuanto a España, quedó como se esperaba: mal en el cuadro masculino (puesto 25), con varias ausencias destacadas.

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