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Revolución mundial en compras on-line

TRANSFORMANDO EL COMERCIO ELECTRÓNICO

Miscelaneos compra online

iu Peng pasa el día montado en un triciclo eléctrico llevando paquetes de un lado a otro en Beijing. Trabaja de ocho de la mañana a seis de la tarde, con dos horas libres al mediodía  para comer. Liu presta un servicio flexible: cuando un cliente no está en casa, lo llama al móvil. A veces le piden que espere o que vuelva más tarde. También le toca hacerse cargo de algunos pagos, en metálico o con tarjeta, y de las devoluciones. Por su bendita paciencia, cobra unos 550 dólares al mes, un salario que la compañía de correos ha ido aumentando mes a mes para evitar que se vaya a la competencia o se dedique a ser repartidor libre, lo que sucede muy a menudo.

Liu, que ronda los 20 años, es el último eslabón de una cadena que está transformando la segunda economía del planeta. Los chinos han abrazado el comercio electrónico de forma apasionada: compran productos más diversos y en mayor cantidad que sus pares occidentales, comentan y valoran más a menudo los artículos en internet y han desarrollado un buen número de empresas innovadoras.

El resultado está a la vista. China, un país con más de 400 millones de campesinos, cuyo producto bruto interno todavía es poco más que la mitad que el de la Unión Europea o Estados Unidos, se convirtió el año pasado en el mayor mercado de comercio electrónico del mundo.

«Los chinos han adoptado el comercio electrónico más rápido y el sector está más desarrollado aquí que en ningún otro lugar del mundo», asegura Will Tao, analista jefe de iResearch, una consultora especializada en ventas a través de internet.

«En términos de tecnología y logística, EEUU sigue a la cabeza», matiza Tao, «pero China lidera en cuanto a modelo de negocio y entendimiento de los consumidores». Las compras on-line en el país asiático superaron en 2013 los 330.000 millones de dólares sin incluir las transacciones entre empresas (B2B) ni los billetes de avión y las reservas hoteleras, lo que supone un crecimiento del 42% respecto al ejercicio anterior, de acuerdo a las estimaciones de iResearch.

El comercio electrónico está muy desarrollado, entre otras razones, porque el comercio tradicional está subdesarrollado. Es una de las particularidades de hacer la revolución industrial en la era de internet. Las ciudades chinas están construyendo a toda velocidad centros comerciales, pero todavía carecen, salvo las grandes urbes como Beijing y Shanghai, de la variedad de tiendas de las poblaciones europeas. A través de la red, los chinos pueden comprar cualquier cosa producida en el país o en el extranjero y, además, a un precio imbatible y sin regatear, una costumbre a veces tediosa en la calle.

Si hay que elegir un protagonista de esta revolución, ese es sin duda Jack Ma, el profesor de inglés que fundó Alibaba, que barrió del mercado asiático a la firma estadounidense eBay y dio cauce al afán emprendedor de decenas de millones de sus connacionales a través de Taobao y T-Mall, las webs por las que pasa alrededor del 75% de las compras on-line en China.

Jack Ma no vende directamente, sino que provee un ecosistema digital donde cohabitan, por ejemplo, la tienda oficial de la firma de ropa española Mango y espontáneos que venden libros piratas. Taobao se financia de forma parecida a Google: cobra por la publicidad y por colocar los productos más arriba en los resultados de búsqueda.

T-Mall, en cambio, que es la web más seria -no admite copias ni productos falsos y tiene unos requisitos de entrada más altos para los negocios-, se alimenta sobre todo de las comisiones por las ventas, que diversas estimaciones sitúan entre un 1% y 5%.

Yan Zhonghua forma parte de la inmensa red de Jack Ma. El joven dirige un negocio fundado en 2003 por dos profesores de música en Beijing. Se llama Xin’aiqin. Venden instrumentos de cuerda clásicos chinos hechos a mano: el guzheng y el guqin. También disponen de pianos de segunda mano manufacturados en Japón. En 2010 abrieron su primera tienda digital, en Taobao, y más tarde se pasaron a T-Mall, para ofrecer mayores garantías a sus clientes de que los productos eran originales. «Este es un sector más bien tradicional, pero aun así vendemos el 50% de nuestros instrumentos a través de internet», asegura Yan, que explica que una de las principales ventajas es que ahora no están limitados a la capital china, sino que tienen clientes por todo el país.

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