Revista Oriental

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UN ARTISTA SEÑORIAL

DE LA GENERACIÓN DE LOS ’50

Enrique Galdos Rivas (Lima, 1933) está a punto de cumplir 85 años, de los cuales 66 ha dedicado al arte. Hoy no solo sigue pintando, también se ha dejado seducir por la música, que plasmará muy pronto en una producción discográfica, y se alista para recibir el homenaje de la Asociación Peruano Japonesa (APJ), a través de la exposición “El mago del color. Enrique Galdos Rivas. Pinturas (1968-2018).
La muestra, en la Galería de Arte Ryoichi Jinnai del CCPJ, es un reconocimiento a tan notable artista por su trayectoria, vigencia y aporte al arte y a la historia de la cultura peruana.
La selección de las obras ha estado a cargo del propio artista y del curador Juan Pera, y reuniendo trabajos de los últimos 50 años, así como pinturas inéditas que Galdos ha venido trabajando en los últimos meses en su deseo de fusionar desde un lenguaje moderno y, por qué no, contemporáneo, el rescate y reinterpretación de las formas históricas de la cultura peruana.
Además de la exposición, el artista participó en un coloquio sobre su trayectoria y labor creativa insertado en el contexto peruano, presentando su primera producción discográfica.
Galdos Rivas es un artista formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes, egresado con medalla de oro de la promoción 1959, conocida como “Promoción de oro”, a la que también pertenecen artistas como Tilsa Tsuchiya. A lo largo de su carrera, ha mostrado su arte en bienales, certámenes de arte y muestras individuales en países de América, Europa y Asia.
Su trayectoria ha estado marcada por una producción que ha transitado desde la figuración a la abstracción, con una sintaxis donde la descomposición y las estilizaciones formales, reducidas a campos geométricos u orgánicos, se han visto siempre acompañados de gamas de colores vibrantes, estratégicamente bien puestos y controlados, donde el rojo, sobre todo, termina siendo el elemento unificador del espacio, de descanso por algunos momentos y al mismo tiempo de ruptura.
Con el paso del tiempo, estos logros cromáticos han sido el distintivo particular de su lenguaje, lo que le ha valido el apelativo de “el mago del color”. En cada una de sus propuestas, ha sabido mantener una mirada muy particular: sus diálogos con lo ancestral, desde una perspectiva lúdica y de síntesis, que es consecuencia de una labor a veces a contracorriente respecto de modas impuestas por el medio artístico internacional, proponiendo siempre la validez y vigencia de la identidad.
Ha representado al Perú en la Bienal de la Juventud de París (I, II y IV) (1959-61-65), en la VI, VII VIII Bienal de Sao Paulo-Brasil (1961-63-65),V Salón de Valencia-España (1963), II Bienal Americana de Arte, Córdoba-Argentina (1964), I Bienal de Quito-Ecuador (1968), Premio Codex, Buenos Aires-Argentina (1972), II y III Bienal de Grabado, Puerto Rico (1972-74), I Bienal Internacional de Trujillo-Perú (1983), Premio Cristóbal Colon, Madrid (1984), CXLVI Salón Valentino, Turin-Italia (1988), Bienal de Livorno, Italia (1992), Artexpo International, Nueva York (2000), Latin American Fine Art, La Haya-Holanda (2005) y en la Bienal de Beijing, China (2010 y 2017).

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