Revista Oriental

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Vvisión futurista a favor de la educación y la inclusión

Una realidad de nueve décadas

La Institución Educativa Santa Beatriz-Jishuryo cumple su nonagésimo aniversario de fundación y de sus aulas, primero al interior del hogar de Hajime Kishi, y luego de su propia sede han egresado varios miles de estudiantes, aprendiendo las primeras letras y números en español con disciplina y valores de la cultura japonesa.
El nombre de Jishuryo deriva fonéticamente del aforismo tradicional “Manabite tokini kore o narau mata yorokobashikarazuya”, cuya traducción puede sintetizar en “Aprender del tiempo”; el de Santa Beatriz, porque se ubicó desde sus inicios en el vecindario de ese nombre en el distrito de Lince, teniendo como dirección desde 1930 la Calle León Velarde 344, la que a través del tiempo se ha remodelado e implementado con nuevas tecnologías educativas.
En aquel ayer, la dirección general estaba a cargo del maestro Tanroku Nagamine, con 30 pupilos, repartidos en cuatro aulas, y el apoyo de dos docentes peruanos, Alejandro Arancibia y Raúl Temoche, Nagamine enseñaba en japonés, además del arte marcial kendo, y Arancibia y Temoche en español, abarcando cursos de matemáticas, física y química, biología y educación física, a nivel de Primaria; contándose con cuatro aulas, un auditorio y áreas recreativas.
Para ofrecer a los escolares una mejor capacitación, el gobierno de Japón donó laboratorios de física, química y biología; paralelamente, a partir de 1933, se aprovechaba los períodos vacacionales para inculcar el conocimiento práctico de la teoría, incluyendo un programa de visita a la Haciendas Retes, en la ahora provincia de Huaral, al norte de Lima.
Sin duda, los fundadores del plantel se trazaron objetivos firmes, uno de ellos brindar educación de calidad, teniendo en cuenta que dentro del proceso de migración hacia el Perú desde 1899, y adaptación, especialmente de las generaciones que iban apareciendo, era necesario contar no solo con el legado de la Tierra Madre sino también integrarse y articularse a una sociedad que aún tenía perjuicios respecto a los seres que procedían del Lejano Oriente.

CAMBIOS EN EL PROCESO
A raíz de los sucesos de la II Guerra Mundial, Nagamine iba a ser deportado y el plantel estaba en camino de ser expropiado, razón por la cual tomó el nombre de Santa Beatriz para mitigar las acciones antijaponesas, pasando la dirección pasó a manos de Temoche, entre 1943 y 1953, y luego lo sucedió el docente Nicolás Carjahuaringa Cuellar hasta 1975; la educadora Matilde Ampuero tomó la posta hasta 1991, siendo reemplazada por Elizabeth Chiemi Kohatsu de Uechi y desde 1998, a la actualidad, asumió la docente Katia Shiroma de Silva.
En 1952 comenzó a impartirse Educación Secundaria (Primero de Media) en 1971 el Ministerio de Educación autorizó el funcionamiento del Colegio Particular de Educación Secundaria (completa) Santa Beatriz en el predio de la Asociación Estadio La Unión, en Pueblo Libre, que un año después fue rebautizado como Colegio Cooperativo La Unión.
La celebración de los primeros 25 años del Jishuryo coincidió con el restablecimiento de las relaciones peruano-japoneses, que se habían suscrito mediante un Tratado de Paz, Amistad y Comercio en 1874, el primero de un país sudamericano con Japón.
Cabe referir que, a iniciativa de los propios padres de familia, en 1964 se creó el Jardín de la Infancia (Kindergarden), destinado a infantes de 5 años de edad, y en 1975 el Jishuryo pasó a convertirse oficialmente en Colegio de Educación Inicial Particular (CEIP) Santa Beatriz; actualmente la institución presta enseñanza a niños que frisan entre los 3 y 5 años, distribuyendo a los 300 alumnos en siete secciones.

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