Parte del patrimonio literario peruano
El escritor Enrique Verástegui Peláez (bisnieto del inmigrante chino Juan Evangelista Peláez, llamado Ah Tao Ko, el apellido original fue cambiado a Pélaez al bautizarse), quien murió a los 68 años, dejó una obra que marcó a la generación del ‘70 y consolidó una propuesta poética caracterizada por la experimentación, la intensidad expresiva y una mirada crítica sobre la realidad.
Nacido en la provincia de Cañete en 1950, Verástegui se convirtió desde muy joven en una de las principales figuras del movimiento Hora Zero, colectivo literario que reunió a un grupo de poetas decidido a replantear el rumbo de la poesía nacional. Junto con Jorge Pimentel, Tulio Mora y Juan Ramírez, impulsó una propuesta que buscó romper con los modelos anteriores y acercar la creación literaria al lenguaje de las calles y al ritmo de una sociedad en constante transformación.
El propio autor recordó años después el origen de esa apuesta colectiva: “Me tocó vivir de cerca ese movimiento de poetas adolescentes que, un buen día, decidieron que la poesía escrita con anterioridad a ellos no les gustaba y que el tiempo histórico era ‘irrespirable’”, expresó al evocar los inicios de Hora Zero, agrupación con la que compartió el propósito de renovar la poesía peruana desde nuevas formas de expresión.
Aunque participó activamente en ese movimiento, Verástegui desarrolló una voz propia que pronto sobresalió dentro de la escena literaria. Su poemario ‘En los extramuros del mundo’, publicado en 1971, confirmó la fuerza de una escritura que combinó recursos expresivos diversos con una visión profundamente personal.
Entre sus versos más recordados figura el poema “Si te quedas en mi país”, cuya intensidad continúa identificándose con una poesía que interpela al lector desde la crudeza y la reflexión.
Su trayectoria también alcanzó reconocimiento internacional. En 1975 grabó sus poemas para la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y, un año después, obtuvo la beca Guggenheim, experiencia que le permitió viajar por España y Francia, donde cursó estudios de sociología de la literatura.
El crítico literario Ricardo González Vigil destacó la dimensión de su obra al afirmar: “Numerosos poemas excelentes de En los extramuros del mundo (1971), Angelus Novus (2 tomos, 1989-1990) y sus otros libros lo ungen como una de las voces capitales surgidas en los años 70, acaso el más dotado y complejo en niveles discursivos y recursos expresivos”.
Esa valoración resume el lugar que Verástegui alcanzó dentro de la literatura peruana contemporánea. Además de cultivar la poesía, el escritor incursionó en la narrativa, el ensayo y el teatro.
También escribió diarios personales, fue columnista del Diario Expreso y elaboró breves tratados matemáticos, ampliando el alcance de una producción intelectual que despertó admiración por su diversidad temática.
Esa amplitud creativa reforzó la imagen de un autor dispuesto a explorar distintos lenguajes sin abandonar la búsqueda permanente de nuevas formas de expresión.
Cuando le preguntaron en una entrevista quién era Enrique Verástegui, respondió con una definición sencilla y reveladora: “Hoy, Enrique Verástegui solo puede referirse a sí mismo, asimismo son sus artículos publicados y no publicados. Nada más que un escritor en un mundo convulso”.
Esa reflexión sintetizó la mirada con la que asumió su oficio y también resume el legado que dejó tras su partida: el de un creador que convirtió la palabra en una herramienta para interpretar un tiempo marcado por la incertidumbre y cuya obra continúa ocupando un lugar destacado en la historia de la poesía peruana. (Diario Expreso)
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