Editorial

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

Estamos a finales del año y se sigue viviendo en la encrucijada. En síntesis: ¿Estado fallido o Gobiernos fallidos? En pleno Bicentenario republicano, el Perú continúa en un Estado débil, frágil en la infraestructura y en la estructura, sin consolidar cimientos; y, el actual Gobierno central parece indolente ante la cruda realidad, en igual o mayor medida que muchos regímenes en la historia. La culpa siempre se aplica a terceros o a los factores externos, nadie asume responsabilidad alguna, ni siquiera mínima. Y eso genera desesperanza en la ciudadanía que anhela un presente y un futuro de bienestar, con sentido equitativo.
Los ¿trágicos? acontecimientos, ocurridos desde 2016 a la fecha, reconfirman que el país anda al garete, sin timonel: destituciones presidenciales, cierre del Congreso, corrupción, incremento de la delincuencia, narcotráfico, pandemia, agrupaciones políticas sin idearios y convertidos en vientres de alquiler, sistema educativo en retroceso, sin inversiones relevantes y un largo etcétera de secuelas negativas agravan el horizonte. Y el Acuerdo Nacional con virtudes y errores, pendiente desde el 2001, se mantiene bajo tierra. ¿Cómo superar tal proceso de degradación? No aparecen en el camino alternativas de solución.
Otro año perdido y la secuencia anual, cual círculo viciado, se replica. Los actores políticos demuestran patética incapacidad. Los irracionales ataques a centros mineros –la principal fuente motora de ingresos al erario- no tienen justificación ni explicación; empero, el Estado y el Gobierno, incluyendo la oposición, el Ministerio Público y el Poder Judicial se camuflan o excusan en la simple verborrea, o hasta en el mutismo, para “pasar piola””, a pesar de que el vandalismo ha trascendido las fronteras nacionales y produce cuantiosas e irreparables pérdidas económicas y sociales.
A pesar del creciente pesimismo, hay que mantener el optimismo para continuar en la brega, sin bajar los brazos y corrigiendo los lamentos con firme convencimiento de superarlos, apuntando, desde ya, a la exigencia que los candidatos a las elecciones regionales y municipales a nivel nacional, en los comicios de 2022, no solo se autotitulen moralistas o anticorruptos, sino que cuenten con planes de desarrollo visibles y creíbles, capaces de interconectarse con la realidad y según corresponda con instancias provinciales, regionales y del Gobierno central.
Habremos de rescatar el espíritu navideño a propósito de estas fiestas y tender puentes en concretizar un coordinado plan nacional, de ancha base, desde el inicio del 2022, a fin de sumar la posibilidad de consolidar tanto la democracia cuanto una patria íntegra a favor del bien común y del sentido de oportunidad, multiplicando esfuerzos para hacerlos realidad.
Hacemos votos para que la Navidad y el año a recibir ofrezcan luces y reflejos a fin de que haya un mejor porvenir, voluntad que extendemos a nuestros lectores, anunciadores y proveedores: siempre con la bendición del Hacedor, para el noble cumplimiento de salvaguardar al país y de sus más de 32 millones de habitantes.

Carlos Acat Koch
Editorialista