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Editorial

EL FANTASMA VIVIENTE DEL CORONAVIRUS

El levantamiento de medidas para contrarrestar el coronavirus, indudablemente por razones socioeconómicas, replantea a la población del Perú el tema no solo de dormir sino convivir a diario con tan mortal enemigo, que sigue haciendo estragos en casi todos los rincones del mundo, con la esperanza de que más temprano que tarde aparezca la vacuna salvadora y con la esperanza que no reaparezca el Covid-19 u otro malsano virus o bacteria en el horizonte.
La supresión de libertades públicas, desde mediados de marzo pasado, como el aislamiento dentro de las medidas sanitarias, no han dado resultados esperados, tal como lo demuestran las cifras de casos positivos y de letalidad –incrementados a diario-, debido a, entre otras razones, a la informalidad reinante en el país y al casi nulo respeto a la conducta que se debe mantener al enfrentar una crisis; incluso se vaticina una caída cercana al 13 por ciento en el producto bruto interno (PBI), la mayor tasa en los últimos 100 años y quizás semejante al derrumbe de la fatídica guerra con Chile en el siglo XIX.
¿Tendremos que acostumbrarnos a vivir con la pandemia? La respuesta es sí. Haciendo la necesaria salvedad que conforme las barreras sean desarmadas, cada habitante debe ir asumiendo un rol responsable y un compromiso consigo mismo, su familia, el vecindario y la sociedad en general, sin caer en las suspicacias ni capricho, recordando siempre que los rumores o los virulentos “fake news” –con sus “noticias esquizofrénicas- pueden afectar con gravedad la salud mental, En otras palabras, estar alertas y no relajarse.
Entre los archivos –sean de entidades públicas o privadas- coexisten innumerables diagnósticos de la realidad nacional, incluso con disímiles escritos ideológicos, así como el pantallazo del “Acuerdo Nacional”, pero no hay –ni se intenta construir- el consenso indispensable para tomar medidas consistentes y sostenibles, vale decir un plan nacional que confluya a un bienestar integral con futuro, pues cada político u organización partidaria se considera salvador de la patria, capaz en el engañoso lenguaje florido e incapaz de interpretar la realidad y cohesionar criterios (hasta los opuestos) para resolver los problemas internos y la imagen ante el mundo.
Lo sucedido en los años de relativa bonanza –gracias a los precios internacionales de los metales- fueron echados al vacío o más bien a bolsillos personales (vía corrupción) en desmedro de las grandes mayorías; es decir, en vez de generar mecanismos de producción y productividad, con ciencia y tecnología, se prefirió por repartir migajas y favorecer la injusticia y la exclusión social. Más es el daño legado que la voluntad de hacer el bien.
Vayan en estas líneas nuestro saludo por el Día del Padre, con la esperanza de que cada familia lo celebre presencial o virtualmente con el firme propósito de unidad y de superar la pandemia que nos afecta. Asimismo, pedimos disculpas por hacer entrega de una nueva edición vía las redes sociales, debido a las complejidad del Covid-19. Hasta la próxima.

Carlos Acat Koch
Editorialista