Editorial

PERÚ -CHINA – EUA
Al cierre de esta edición, los denominados partidos políticos y su extensión -“vientres de alquiler”- vienen sopesando a las potenciales (¿?) planchas presidenciales y listas congresales, que serán elegidas por votación interna o vía delegados- para participar en los comicios generales de abril próximo, siempre y cuando cesen los permanentes pedidos de renuncia o destitución que demandan algunos sectores haciendo eco a las declaraciones de los denominados colaboradores eficaces, que, hasta el momento, solo siembran confusión, generándose un mayor clima de incertidumbre y desconcierto en la ciudadanía; temas como la pandemia, la reactivación económica, la corrupción, los cuellos blancos y otros, van quedando en el tintero aunque podrían reaparecer con mayor fuerza tras conocerse los nombres de los aspirantes al sillón presidencial y a los escaños parlamentarios.

La cruda realidad, a tenor de las afiliaciones partidarias –al cierre del cronograma electoral- son prueba manifiesta que las ideologías ceden el paso al populismo, los programas de acción son superficiales, las propuestas van según la ocurrencia diaria y la fragmentación –por quítame estas pajas- es el pan cotidiano; cómo podrá juzgar el elector –con objetividad y serenidad- las intenciones de los postulantes a ser gobernantes de 2021 al 2026, si en liza habrá al menos una veintena de símbolos, es decir, los titulados “políticos” no creen ni en la unidad ni tampoco en la negociación dialogada a favor del país y los peruanos que habrán de representar, e individualmente son creyentes de la verdad que esgrimen o de servicio al interés subalterno.

Habrá que recordarles a los candidatos, en forma constante, que la política no funciona en un vacío sino en la realidad circundante, en la importancia de la tolerancia, la confianza y el respeto, en el intercambio de ideas y el encontrar soluciones conjuntas, donde prevalezcan el conocimiento y las evidencias –no indicios- para construir o reconstruir el hogar, llamado Perú, con cimientos sólidos, con reformas imprescindibles a corto y mediano plazos. El pasado deja ingratas lecciones, pero hay que aquilatarlas para producir en el presente un futuro promisorio. El personalismo y la improvisación, con su volatilidad, deben quedar en el eterno olvido.

En la otra ribera del Océano Pacífico, China recordó su aniversario nacional en forma restringida debido al todavía presente Covid-19, mostrando disciplina para evitar una nueva propagación del mal y cumpliendo solo actos protocolares, evocando a los personajes que pugnaron por establecer el sistema republicano –que costó muchas vidas y sacrificio- y romper con el molde dinástico; construyendo con paciencia –calmada prisa- un país con capacidad de afrontar los desafíos de los nuevos tiempos e innovar en el ámbito científico-tecnológico en procura de crear una sociedad integral con igualdad de oportunidades, deberes, derechos y obligaciones; es decir, buscando resultados óptimos a favor de la población y a favor del común beneficio con otros pueblos del orbe.

Finalmente, Estados Unidos de América ya empezó las elección presidencial, mediante el voto anticipado –vía correo o electrónico- entre el republicano Donald S. Trump –que va por un segundo mandato- y el demócrata Joe Biden; se estima que la elección será reñida y ganará aquel que cuente con mayor número de delegados en cada uno de los Estados –comicios indirectos. Más allá de la victoria de uno u otro, a nivel latinoamericano se tiene la esperanza de que el gigante norteamericano no mire de reojo sino que asuma un ejercicio dialogante para una mejor perspectiva en el horizonte, a la vez que se haga alto en las fricciones comerciales con China y, entre ambos, sumen esfuerzos para una cercano mañana de paz y de bienestar en pro de a humanidad.

Carlos Acat Koch
Editorialista