INCERTIDUMBRE NACIONAL E INCIERTO FUTURO MUNDIAL
Y van uno, dos, tres, …, los presidentes sean elegidos por voto popular, por sucesión en la plancha o encargados por el Congreso Nacional, al menos desde 2016, expresan la imagen negativa del Perú y la desconfianza de la masa ciudadana. Los denominados políticos –sea cual fuere su signo ideológico o el “vientre de alquiler”- que representan han transformado la política en un sainete sin libreto feliz. Todos ellos conspiran entre sí y contra sus opositores, en una suerte de “río revuelto, ganancia de pe(s)cadores”, mientras el auditorio anda adormilado, acunado en brazos de la esperanza y la desesperanza.
El nombramiento de José Balcázar para ocupar el sillón principal de Palacio de Gobierno, en sus primeros días no muestra ni demuestra el carácter indispensable en fortalecer el rango de primer ciudadano. Es más, en su currículum pesa más el historial negativo en sus actuaciones como juez o congresista. Queda el 18 de marzo, cuando la primera ministra y los ministros comparezcan en el hemiciclo, para saber si cuentan con valoración de confianza; al momento, los legisladores siguen en su controversial (e interesada) displicencia dubitativa.-
En ese espacio transitorio, las elecciones generales se avecinan. La ciudadanía espera que la gestión se ejerza con propiedad, dignidad y capacidad de garantizar una jornada electoral relevante, transparente y segura. Asimismo, encontrar fórmula hacia la convivencia social, actuando con firmeza y fortaleza frente a la ilegalidad. Y tercero, apuntalar la economía y producir oportunidades con justicia equitativa. Sin olvidar, por cierto, el eventual Fenómeno del Niño para evitar calamidades mayores y de las cuales el país y los peruanos tienen malas experiencias.
En el ámbito internacional, el mundo se sigue desangrando. La convivencia pacífica se diluye como arena entre las manos, y se rellena el desierto con mayor inseguridad. Nadie tiene la capacidad de definir límites estratégicos, ni las propias Naciones Unidas. Las divergencias prevalecen frente al diálogo diplomático y ninguna de las partes está dispuesta a deponer sus reales intenciones. Toda negociación en la mesa se entrampa por incompatibilidad en las agendas y definiciones. Cada día se dificulta el entendimiento y se cae en los cepos del cazador. El mundo requiere estabilidad y paz.
Esperemos que el Caballo de Fuego, con su nobleza arrolladora, contribuya a minimizar los conflictos bélicos e imponga el diálogo fructífero.
Carlos Acat Koch
Editorialista
Revista Oriental Integrando las Comunidades Asiáticas del Perú y América