ESCULTURAS DE HIGA EN AEROPUERTO

Velando en nuevo terminal Jorge Chávez

Foto: El Comercio Perú

Tres esculturas monumentales del escultor Haroldo Higa reciben a los pasajeros en el nuevo terminal aeroportuario Jorge Chávez. Inspiradas en la biodiversidad peruana, las obras representan a un osezno andino (Uku) y su madre (Liki), y a una rana atigrada lémur (Kora). Obras de gran formato instaladas al interior del flamante edificio.
La iniciativa llegó al artista peruano-nikkei hace dos años, a través de la dirección del Museo de Arte de Lima (MALI). Tras evaluar a varios artistas locales, finalmente se eligió al escultor y docente de la Facultad de Arte y Diseño PUCP. Para Higa, fue una grata sorpresa recibir la propuesta de Lima Airport Partners (LAP), con la asesoría del MALI, para crear esculturas de grandes dimensiones destinadas a las zonas de marketplace nacional e internacional del aeropuerto. El objetivo del proyecto era dotar al espacio de una identidad peruana a través del arte.
Se le pidió explícitamente evitar los clichés culturales: dejar de lado el ceviche, la llama o la imagen icónica de Machu Picchu. El lenguaje debía ser accesible y amigable para el usuario. Por ello, optó por el lenguaje figurativo, considerándolo el más empático. Descartó cualquier propuesta abstracta o conceptual e imaginó estos animales de formas amables, que hablaran de nuestra diversidad natural y riqueza cultural. “Quería combinar la fauna con los relatos orales”, explica.
Así, el osezno andino simboliza el guardián de los bosques y la montaña, representando a las especies de la costa y de la sierra. La rana atigrada lemur, ubicada en el marketplace nacional, se asocia al mayantu, el sabio amazónico de las plantas medicinales. Para Higa, estos personajes icónicos representan los guardianes del aeropuerto y de los viajeros.
Las piezas instaladas en el Aeropuerto Jorge Chávez son las más grandes del artista hasta la fecha. Uku mide seis metros de altura, su cría 3,50 metros y la rana, sentada sobre sus largas patas, se eleva cinco metros del suelo. Su pose evoca la preparación de plantas o el deseo de un buen viaje. “A pesar de las grandes dimensiones de las obras, han quedado muy bien integradas con el entorno arquitectónico. Para eso, hubo mucho diálogo con los diseñadores y arquitectos del aeropuerto. Se hicieron muchas animaciones previas para estudiar la ubicación exacta de las piezas”, explica el escultor.
Después de bocetos a mano alzada, dibujos finales, bocetos en plastilina e impresiones en 3D aprobadas una a una, dedicó nueve meses al trabajo final: las esculturas de gran formato realizadas en resina, fibra de vidrio, pintura poliuretánica y barniz. Dada la magnitud del proyecto, el artista organizó un equipo de trabajo profesional y adecuó un taller sin techo en el distrito de Magdalena para realizar las piezas.
(Condensado del diario El Comercio)

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