SIGNIFICADO DEL CABALLO EN TAIWÁN

Celebración con entusiasmo generalizado

El Año Nuevo Lunar es la festividad más significativa para el pueblo chino. Su origen se remonta a antiguas leyendas, entre ellas la del monstruo Nien, que atacaba a las personas en la víspera del Año Nuevo. Para ahuyentarlo, se usaban el color rojo, el fuego y el ruido: se pegaban coplas en papel rojo, se encendían antorchas y se lanzaban petardos durante toda la noche. Al amanecer, tras haberlo espantado, la gente se saludaba con un “kung shi” (felicitaciones).
En Taiwán, la modernidad no ha borrado estas tradiciones. El Año Nuevo se celebra durante casi tres semanas. Todo inicia el día 24 del duodécimo mes lunar, cuando, según la creencia, varios dioses ascienden al cielo para informar al emperador de Jade sobre los asuntos terrenales. Las familias los honran quemando monedas de papel para financiar su viaje simbólico, y al dios de la Cocina se le unta la boca con azúcar para asegurar que solo pronuncie palabras dulces ante la deidad suprema.
Otra costumbre destacada es colgar “coplas de primavera” en puertas y paredes. Son rollos o cuadros de papel con bendiciones como “buena suerte”, “riqueza” o “longevidad”. Como en chino “al revés” (tao) suena igual que “llegada”, muchas coplas se colocan invertidas para simbolizar la llegada de tiempos mejores. En la víspera del Año Nuevo, los miembros de la familia que viven lejos regresan al hogar para compartir una cena abundante, uno de los momentos más emotivos de la celebración.
Entre las ceremonias más vistosas está la danza del dragón y del león. Se cree que sus cabezas tienen el poder de ahuyentar el mal, y los movimientos ágiles de los danzantes ofrecen un espectáculo vibrante. El segundo día del festival, las hijas casadas visitan la casa de sus padres; si es una recién casada, el esposo debe acompañarla y llevar regalos. Una leyenda encantadora señala que el tercer día es cuando los ratones casan a sus hijas, por lo que la gente debe acostarse temprano para no interrumpir la ceremonia. A partir del cuarto día, el fervor disminuye y se preparan ofrendas para recibir el retorno del dios de la Cocina. El quinto día marca el cierre oficial de las festividades, aunque el noveno día se celebra el cumpleaños del emperador de Jade con numerosas ofrendas en los templos.
La comida ocupa un lugar central en estas celebraciones. Muchos platos simbolizan buenos deseos: el pescado (yu) representa la abundancia; la cebollina (jiou-tsai), la eternidad; los nabos (cai-tou), el buen augurio; y las bolas de pescado o carne, la reunión familiar. El pudin de arroz glutinoso (nien gao) expresa el deseo de ascender a cargos más altos, mientras que las empanadillas (shuei-jiao), con forma de lingotes de oro, simbolizan prosperidad.
También abundan supersticiones y tabúes. Barrer durante los primeros cinco días del año se considera de mala suerte, pues podría expulsarse la fortuna del hogar. Hablar de la muerte está prohibido, y si se rompe un plato, se debe decir de inmediato “suei suei ping an” (“paz a través del año”). La compra de artículos para el Año Nuevo es otra actividad esencial, especialmente en la calle Tihua, en Taipéi, famosa por sus productos alimenticios y siempre repleta de gente en estas fechas.
Durante estos días, trenes, autobuses y aviones se llenan de personas que buscan reunirse con sus familias para la cena del Año Nuevo, considerada la comida más importante del año. Aunque las tradiciones cambien con el tiempo, la idea de volver al hogar y celebrar en familia sigue siendo el corazón de las festividades en Taiwán.

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