Revista Oriental

Editorial

AVANZAR CON UNIDAD, DEJANDO DE LADO BRAVATAS

Más allá de proyectos de infraestructura a gran escala, la cooperación entre América Latina y China también ofrece beneficios tangibles a productores y consumidores regionales por igual, acercando dos territorios unidos por el mar Pacífico y compartiendo un futuro promisorio, impulsando áreas estratégicas y enfrascados en el importante desarrollo sostenible
Construir una comunidad entre China y América Latina genera el recíproco desarrollo de los lazos bilaterales, como lo demuestran las estadísticas comerciales, de inversión, mutuas visitas políticas, aunque también medir, en la misma proporción, las asociaciones creadas que garanticen la continuidad.
Si bien la asociación se avanza de forma amplia y con fuerza conjunta, la iniciativa china de “Una franja, una ruta”, implica, acaso, la clave para cimentar y levantar un mundo justo, equilibrado y en orden; vale decir, a través del concepto estratégico de una comunidad con un futuro compartido, lo innovador de la propuesta es su propio sistema evolutivo, donde no existe un hegemonismo sino un espíritu abierto hacia una cooperación multidireccional.
El Perú y la China avanzan por una senda con similares coincidencias, por cierto también con algunas diferencias de enfoque, como lo certifican las cercanas e ininterrumpidas cinco décadas de relaciones diplomáticas, pero también confirmadas con el permanente intercambio de saberes, culturas y experiencias; por ello es necesario e indispensable que ese intercambio se profundice y acelere en beneficio de los pueblos, por ejemplo en el campo tecnológico que es el mañana para la humanidad, donde no se prioriza lo económico sino una estrategia definida, sin improvisaciones, y de coexistencia pacífica.
En ese sentido, es criticable el enfrentamiento permanente entre los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, más allá de la corrupción y del lavado de activos que afrontan ex presidentes y también candidatos en las elecciones, sin obviar jueces y fiscales, donde en vez de buscar posiciones constructivas tienden más bien a socavar la débil institucionalidad del Perú, como vemos, por citar, la incierta elección de la mesa directriz del Congreso Nacional.
China, en este mes de julio en que conmemoramos 198 años de Independencia Nacional y solo a dos calendarios del bicentenario republicano, además de 28 años de Amistad Perú-China, nos da una lección de entendimiento, con la puesta en marcha del moderno Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), no solamente construido con solidez sino también equipado a favor toda la población; los riesgos hay que afrontarlos y relevar aquella frase “dejar hacer, dejar pasar”, pues el tiempo no perdona.

Carlos Acat Koch
Editorialista

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