Revista Oriental

Editorial

LA FRANJA Y LA RUTA DEL SIGLO XXI Y SUS IMPLICANCIAS

La iniciativa china de una Franja y una Ruta del siglo XXI tiende a un paso más allá de la globalización pues se encamina a la integración, teniendo al comercio como un motor para alcanzar relaciones de confianza mutua y un mejor entendimiento entre los pueblos, pues también va de la mano con el diálogo, la cultura y, por extensión, con el consenso.
Son tres los lineamientos rectores: Interdependencia, Complementariedad e Inclusión, es decir avanzar a objetivos comunes, crear bases orientadas al crecimiento conjunto y beneficiando a las economías y, por ende, al bienestar de la humanidad. Es decir, la propuesta china converge hacia la paz y el beneficio equitativo a nivel mundial; ciertamente el camino no es fácil, pero es un punto de partida hacia un orden justo, como que ya más de un tercio de los países lo asumen.
En ese andar, la conectividad física es importante, dando pie a la construcción o mejoramiento de vías terrestres, marítimas y aéreas, en otras palabras infraestructura eficiente, como lo prueban el intercambio comercial de China con España y el Reino Unido, a través de trenes, un salto de gran envergadura, que promueve un posicionamiento competitivo que va más allá de los recursos naturales al involucrar valor agregado a la producción, especialmente a los países emergentes o con atraso en relación a sus pares industrializados.
América Latina, en ese contexto, no debe quedarse atrás, sino acceder a la interconectividad con el exterior mediante las redes de las tecnología de la información y las comunicaciones (TIC); en el caso concreto con China, y por extensión con el Asia Oriental, nos une y separa el Océano Pacífico, pero la digitalización conlleva a superar esa distancia física; además, la posibilidad visible de generar infraestructura terrestre en América del Sur, caso del tren bioceánico, coadyuvaría a crear mejores condiciones de vida, dejando de lado las luchas intestinas o desencuentros ideológicos, proponiendo, por ejemplo, acuerdos de unidad en políticas de Estado.
Si la “Ruta de Manila”, hace cuatros siglos, fue un espacio de encuentro entre América y Asia, en esta centuria la iniciativa de la Ruta y la Seda es un punto de conectividad integral que introduce a una interacción entre los pueblos, puede consolidar esquemas de relaciones a largo plazo y desempeñar papel gravitante en el relacionamiento entre el Occidente y el Oriente.

Carlos Acat Koch
Editorialista

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