Revista Oriental

Editorial

EL PERÚ EN CRISIS POLÍTICA

El Perú vive, en estos últimos tiempos, una dramática crisis política, en los tres Poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial (incluyendo el Ministerio Público). Y eso se refleja también entre los gobernados que han perdido confianza en los considerados partidos políticos (tradicionales o no tradicionales), mientras la economía crece por inercia y no por dinamismo productivo, la inseguridad ciudadana campea a todo nivel y la informalidad sigue ganando espacio.
El suicidio del dos veces ex jefe de Estado Alan García Pérez, más allá de su propia determinación, expresa que a poco de cumplirse 200 años de Independencia Nacional, aún no hemos madurado lo suficiente y somos incapaces de tomar decisiones que conduzcan a construir un país de bienestar; el encarcelamiento, sea cual fuere su forma (preventivo, temporal, domiciliario o de permanencia) se ha convertido en una espada de Damocles para quienes han detentado el poder.
Con la obligación de respetar y comprender el dolor que embarga a la familia y correligionarios de García Pérez, también es necesario hacer frente a la justicia como le ocurre a un ciudadano común y corriente, y que los enemigos, por cierto, no caigan en lo rimbombante, en el sarcasmo o en la burla. La frase bíblica “quien esté libre de culpa que arroje la primera piedra” mantiene vigencia.
Los llamados por la justicia, guste o no, deben responder con responsabilidad, pues por el cargo que cumplen conocen de sus derechos, deberes y obligaciones, es decir, dar ejemplo ante el pueblo que los eligió o nombró. Los fiscales y los jueces por su tarea deben actuar no literalmente sobre lo que dicen los Códigos sino interpretarlos a partir de la presunción de inocencia (salvo en caso de flagrancia), sin caer en tremendismos ni tentaciones peyorativas, respetando los protocolos sin exageración y con diligencia.
La huella indeleble que han dejado Miguel Grau y Francisco Bolognesi, entre otros tantos héroes nacionales en nuestra era republicana, de patriotismo y de ofrendar incluso sus vidas por defender la patria, debe ser un permanente ejemplo a seguir, sin confundir antagonismos o desnaturalizar los procedimientos. Las declaraciones del Jorge Barata, el personaje de la constructora brasileña Odebretch en el Perú, ante los fiscales debe aclarar con sustento el tema de la corrupción y del lavado de activos que afecta a la política y políticos del país, al igual que los testimonios de otros ejecutivos de empresas involucradas en delitos.
Esperemos que todos actúen con honestidad, responsabilidad y objetividad, sin caer en falsedades.

Carlos Acat Koch
Editorialista

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