RIO ARTIFICIAL COLGANTE

Surcando aguas de sur a norte

Foto: La República

China volvió a demostrar que puede afrontar proyectos sacados de una historia de ciencia ficción. Abastecer de recursos hídricos a una nación enorme requiere de una fuerza técnica sin precedentes. La necesidad de llevar agua a las zonas donde reside la mayor parte de la población impulsó el desarrollo de un proyecto que redefine los límites de la construcción moderna.
Como parte del proyecto de desvío de agua de sur a norte, esta obra de ingeniería se presenta como un río artificial colgante diseñado para transportar agua hacia el norte. El destino final de este caudal es la capital de China, Beijing, a través de un sistema que prescinde de la fuerza bruta de las bombas para apostar por la delicadeza de la gravedad.
Este desafío logístico utiliza un canal elevado que avanza tramo a tramo sobre el terreno. Tal como documentó la miniserie Generation Earth en su estreno de 2012, este acueducto se erige como un río colgante mediante un proceso de ensamblaje pieza por pieza.
La estructura china no utiliza sistemas de bombeo mecánico para empujar el caudal hacia Beijing. El agua debe fluir hacia el norte por su propia cuenta gracias a una inclinación calculada al milímetro durante la colocación de cada segmento.
El sistema se basa en secciones individuales de 50 metros de largo. Cada una de ellas comienza como un armazón gigante de varillas de acero. Un equipo compuesto por 20 hombres trabajó en la elaboración de este esqueleto metálico que se asemeja a un nido de pájaro por su complejidad y entrelazado. Una vez finalizada la estructura interna, esta se recubre totalmente de hormigón para crear el bloque definitivo que formará parte del canal.
La magnitud de cada sección impone el uso de maquinaria pesada de primer nivel. Una vez que el hormigón fragua y el bloque está listo, entra en escena una de las grúas más potentes del mundo. Cada segmento del acueducto pesa 1 200 toneladas, una cifra que supera el peso combinado de tres aviones jumbo. Mover estas masas de hormigón requiere una pericia excepcional para evitar cualquier desastre. La ausencia de bombas implica que la fuerza de la gravedad es el único motor para el agua. Por ello, debía ajustar cada bloque gigantesco con una gradiente exacta. La diferencia de altura tenía que ser de apenas un centímetro más baja en un extremo que en el otro.