TAIWANÉS CANDIDATEA A ALCALDÍA DE NUEVA YORK

Manifestantes elevan la voz

Andrew Yang afirmó durante una concentración que “hemos de identificar estos incidentes como lo que son, crímenes de odio. Foto: AFP-El País

De una primavera a la otra en el mismo escenario, Union Square, en el corazón de Manhattan: “No justice (sin justicia)” o “No peace (no hay paz)”. Se escuchan idénticos coros y consignas contra el supremacismo blanco, como ocurrió en mayo y junio de 2020 en las marchas tras la muerte del afro americano George Floyd en custodia policial.
Todo igual, salvo la concurrencia. Ahora son los asiáticos estadounidenses los que protagonizan la protesta, un colectivo conocido por su discreción, su laboriosidad y su calma. Una serie de tópicos que han camuflado la discriminación contra este colectivo y el fracaso al abordarlo.
La mujer que exhibe un cartel casero con el lema “amor, paz y compresión” se llama Judy Moy y es productora de televisión. Su familia, originaria de China, se instaló en Nueva York en 1860. “Nací y crecí aquí, pero para mucha gente aún no soy estadounidense porque no soy blanca”, confiesa con tono de amargura.
Casada con un francés, “todo el mundo asume que él es el americano, nadie piensa que soy yo la americana”, se lamenta. “Toda mi vida he experimentado discriminación”, afirma. “Ya no quiero ser invisible”, añade.
La matanza de Atlanta perpetrada en tres spas, cuyos propietarios son de origen asiático, y en la que seis de las ocho personas muertas eran mujeres con raíces orientales, ha actuado como esa gota que colma el vaso. Un recipiente que se ha ido llenando a lo largo de todo un año de coronavirus, en especial en Nueva York.
Los ataques anti asiáticos se han incrementado un 150% desde el inicio de la pandemia, con especial incidencia en las mujeres, según un estudio reciente, mientras el ex presidente Donald Trump echaba gasolina al fuego del racismo y el odio con su retórica del “virus chino” a fin de esconder su fracaso.
Lleva un año con miedo, una sensación que también experimenta Annie Yan Bailey, joven arquitecta de cuna neoyorquina, que lleva de la mano a su hijo. “Sufrimos el racismo de diferentes maneras. Yo siento esa idea de que somos una minoría modelo y que la mujer asiática es débil y presa fácil”, recalca.
Andrew Yang, neoyorquino con raíces de Taiwán, fallido candidato a la Casa Blanca y ahora en lucha por ser alcalde de Nueva York, celebra la unidad forjada a partir de la tragedia de Atlanta. Frente a las dudas de cuál fue la motivación de Robert Aaron Long, blanco de 21 años, para perpetrar la matanza, Yang tiene claro una de las primeras cosas que se han de cambiar: “Hemos de identificar estos incidentes como lo que son, crímenes de odio”.