“MENTALIDAD DE SERENDIPIA”

Cómo llamar a la suerte y tenerla siempre de tu lado aunque parezca imposible

(N. de R.) El Doctor en Medicina Alejandro Siú Au contribuye a aclarar conceptos sobre aquel hallazgo valioso que se produce, a veces, por la casualidad, teniendo como referencia al profesor E. Zamorano, quien habla de la “Mentalidad de Serendipia” y explica un método, que, a pesar de no ser infalible, arroja positivos resultados. ¿Está dispuesto, estimado lector, a dejar sueños y anhelos en manos del destino?

Los seres humanos asentamos nuestra vida en torno a la repetición de ciertas actitudes, cánones o costumbres.
Sabes que si cruzas la acera siempre debes hacerlo con el semáforo en verde para no tener un accidente o que si quieres acceder a un puesto laboral deberás formarte en esa dirección y estudiar todos los días para aprobar un examen que certifique que estás preparado para desempeñarlo.
A la mayoría de nosotros le cuesta navegar en los brumosos mares de la incertidumbre, de hecho lo hemos comprobado el año pasado en nuestras propias carnes cuando irrumpió la pandemia de coronavirus paralizando toda nuestra vida. “Qué mala suerte”, pensaríamos en aquel entonces, algo que también corroboramos tras hacer un repaso al 2020, el cual pasará a la historia como uno de los años más funestos de nuestra historia reciente.
Por otro lado, el mundo se diferencia entre aquellos que piensan que la suerte se tiene o se persigue.
Esta mentalidad estriba en nuestra percepción de lo que surge de forma inesperada, sin previo aviso: es entonces cuando pensamos que la fortuna ha influido, y de hecho lo hace, pero también nuestra capacidad de acción en base a ese elemento discordante en toda la serie de eventos.

La “mentalidad de serendipia” trata de ver puentes donde otros solo ven brechas y luego tomar la iniciativa para fomentar la suerte

 

Lo que ocurre de repente y se aleja de la normalidad puede deberse a la buena o a la mala suerte; es nuestra la decisión de tomar este cambio como algo positivo o negativo, y adaptarnos a la nueva realidad que aparece.
Esta actitud es lo que se conoce como “mentalidad de serendipia”, un término acuñado por Christian Busch, profesor de la London School of Economics y en la Universidad de Nueva York, que el año pasado publicó un libro que lleva precisamente ese título, quizás ante la sorpresa mayúscula para el mundo global de tener que enfrentarse a una pandemia en pleno siglo XXI, justo cuando la globalización estaba en su máximo impulso. ¿Fue mala suerte que una enfermedad contagiosa saliese de un mercado de Wuhan para paralizar el mundo? Obviamente, fue un hecho traumático para todos, que fuera fortuito o no depende de la consideración de cada uno.
Lo que sí que está claro es que todos debimos adaptarnos a esta nueva realidad.

“Debes conectar los puntos, observar el hecho desencadenante y vincularlo a algo aparentemente no relacionado para ver el valor que tiene para ti”

¿Todo llega cuando menos te lo esperas?

“Podrías pensar que la serendipia es simplemente una suerte pasiva que aparece de repente, cuando en realidad se trata de un proceso activo de detectar y conectar distintos puntos”, asevera Busch. “Se trata de ver puentes donde otros solo ven brechas y luego tomar la iniciativa para fomentar la suerte.
La serendipia es una fuerza que en muchos casos ha estado detrás de algunos descubrimientos científicos, pero también está presente en nuestra vida cotidiana, en cada momento simple o decisivo que acaba modificando nuestra vida”.
“El amor llega cuando menos te lo esperas”. Probablemente, esta es una de las frases que más has escuchado por parte de otras personas que ya lo encontraron.
Como cualquier otro refrán, algo tendrá de cierto. Pero lo que sí que está claro es que las mejores oportunidades suelen venir disfrazadas de “buena suerte” y es en esos momentos cuando no podemos fallar y estar ahí. De eso se trata la mentalidad de serendipia a la que alude el profesor, pues todo es relativo de suceder, tan solo debemos estar atentos.

La serendipia tiene tres características fundamentales:

1. Comienza con un desencadenante fortuito que es el momento en el que te encuentras con algo inusual o fortuito explica el profesor en un artículo de ‘Aeon’.
2. Luego, debes conectar los puntos, es decir, observar el desencadenante y vincularlo a algo aparentemente no relacionado para darte cuenta del valor potencial que hay dentro del evento casual.
3. Por último, debes ser sagaz y tenaz para seguir adelante y crear un resultado positivo inesperado.
Otro de los aspectos a tener en cuenta para desarrollar una ‘mentalidad de serendipia’ es lo que Bush denomina la preparación, que no es más que salir en la medida de lo posible a buscar ese golpe de buena suerte.

Conceder espacio a la suerte

“Debes eliminar las barreras de la casualidad, tanto mentales (en tu forma de pensar) como físicas (los espacios en los que vives e interactúa”, explica.
El académico se refiere a que si mantienes una vida demasiado lineal o repites siempre los mismos patrones es posible que nunca llegues a un resultado nuevo.
Se podría traducir en que si llevas toda la vida enviando currículums por internet para el trabajo al que quieres optar y nunca ‘suena la flauta’ no es porque lo estés haciendo mal o porque tengas mala suerte (que ambas razones pueden ser), sino porque estás empeñado en repetir una y otra vez la misma estrategia, la cual concederá muy poco espacio para la intuición o improvisación y, por tanto, a la suerte.
“Una mente que no está preparada descarta a menudo los encuentros raros e inusuales, perdiendo así las posibilidades de obtener buena suerte”, concluye el profesor.

“Pero este no es más que un comportamiento aprendido”

La preparación consiste en desarrollar la capacidad de acelerar y aprovechar las coincidencias positivas que aparecen en la vida”.
Por tanto, la “mentalidad de serendipia” no es más que la posición que adoptamos frente al mundo y nuestra vida cada día, aquel que la desarrolla está dispuesto a dejarse sorprender y afectar por todo lo que le rodea.
Obviamente intervienen muchísimos más factores, como por ejemplo los ingresos, la raza o el género.

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