Un abrazo espiritual en el Vaticano
La mañana del 27 de mayo finalmente tuve la oportunidad de encontrarme con el papa León XIV, líder espiritual de más de 1,200 millones de católicos en el mundo. Ese día fui invitado a participar en la Audiencia General realizada en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Se trata de una de las actividades públicas más importantes que el Papa celebra regularmente. Fieles, peregrinos, religiosos e invitados especiales de distintos países se reunieron para escuchar su mensaje y recibir su bendición.
El sol brillaba con fuerza sobre el Vaticano. Desde muy temprano, decenas de miles de personas comenzaron a llenar la Plaza de San Pedro. Algunos agitaban las banderas de sus países, otros levantaban carteles con el nombre de sus ciudades de origen, mientras muchos permanecían en silencio rezando y esperando la llegada del Santo Padre.
Tuve el privilegio de ocupar un lugar en la zona reservada para invitados especiales y de poder recibir personalmente el saludo y la bendición del Papa. Sin embargo, lo que más me impresionó aquel día no fue el momento en que iba a encontrarme con él.
Pocos minutos antes de que llegara mi turno ocurrió un hecho inesperado. El padre Diego Semeraro, de 81 años, procedente de Martina Franca, en la región italiana de Puglia, comenzó a sentirse mal mientras esperaba bajo el intenso sol. De repente perdió el conocimiento y cayó al suelo. Al perder el equilibrio, golpeó su cabeza contra unos escalones, provocando preocupación entre quienes se encontraban cerca.
Cuando muchas personas todavía intentaban entender lo que había ocurrido, el Papa León XIV interrumpió inmediatamente la audiencia que se estaba desarrollando. Lo que sucedió después hizo que toda la plaza quedara en silencio. Vi con mis propios ojos cómo el Papa se acercó rápidamente al sacerdote. Se arrodilló a su lado, colocó una mano sobre su cabeza y le preguntó en voz baja cómo se encontraba. Su rostro reflejaba preocupación, pero también una gran serenidad. Al mismo tiempo colaboró con las personas que acudieron a auxiliar al sacerdote.
Por un instante pareció que el tiempo se detenía. El sol seguía golpeando la plaza y las miradas de miles de personas se concentraron en el Santo Padre. Aproximadamente un minuto después, cuando se confirmó que el padre Semeraro estaba fuera de peligro, la multitud respondió con un largo y emotivo aplauso.
Aquellos aplausos no eran solamente para el Papa. Lo que las personas habían visto era algo más profundo: no solo al líder de la Iglesia Católica, sino a un hombre dispuesto a detenerse para ayudar a un desconocido. Fue un gesto sencillo, pero lleno de humanidad. Según informaron posteriormente algunos medios, cuando el padre Diego Semeraro recuperó el conocimiento, preguntó sorprendido: “Santo Padre, ¿realmente es usted?”. Una vez reanudada la audiencia, llegó mi turno de acercarme al Papa. Cuando estuve frente a él, le recordé un episodio ocurrido hace más de treinta años.
Yo lo había visto cuando todavía trabajaba en Trujillo, en el norte del Perú. El tiempo ha pasado y ya no recuerdo exactamente en qué circunstancia fue ni qué palabras intercambiamos entonces. Lo que sí recuerdo es que jamás imaginé que aquel religioso que servía humildemente en tierras peruanas llegaría algún día a convertirse en el líder de la Iglesia Católica del mundo entero. Más de tres décadas después, volver a encontrarlo en el Vaticano, en un lugar tan especial, fue una experiencia que me llenó de emoción. A pesar del cansancio acumulado por la intensa jornada y por el incidente que acababa de ocurrir, el Papa me escuchó con atención y respondió con una sonrisa amable y cercana.
Le entregué dos libros escritos por mí en español durante los últimos años y aproveché la oportunidad para agradecerle por las bendiciones que envió al Santuario de Nuestra Señora de Sheshan, en Shanghái, así como por sus palabras de solidaridad y condolencia hacia las víctimas un accidente minero ocurrido en la provincia china de Shanxi. También le transmití los saludos de la comunidad china residente en el Perú y de muchos fieles católicos de República Popular China.
El Papa escuchó atentamente mis palabras, me agradeció y me pidió que llevara su bendición al pueblo chino. Fue una frase sencilla, pero que me conmovió profundamente. Para alguien que lleva tantos años viviendo lejos de su tierra natal, escuchar esas palabras en la Plaza de San Pedro tuvo un significado muy especial. Además de departir con el Santo Padre, tuve la oportunidad de conversar con el padre Edgar Rimaycuna Inga, secretario personal del Papa. Como peruano, su presencia me hizo sentir una cercanía especial. Durante la audiencia me recibió con gran cordialidad y me dio una cálida bienvenida como a un compatriota. Ese gesto hizo que el ambiente solemne del Vaticano se sintiera más cercano y humano.
与教宗良十四世重逢
梵蒂冈的一次心灵拥抱
5月27日上午,我终于有机会见到了全球十二亿多天主教徒的精神领袖——教宗良十四世。当天,我受邀参加在梵蒂冈圣彼得广场举行的公开接见活动(Audiencia General)。这是教宗定期举行的最重要公共活动之一。来自世界各地的信众、朝圣者、神职人员以及特别嘉宾齐聚一堂,聆听教宗的训导并接受他的祝福。
当天阳光灿烂,照耀着整个梵蒂冈。从清晨开始,数以万计的人群便陆续涌入圣彼得广场。有人挥舞着自己国家的国旗,有人高举写着家乡名称的标语牌,还有许多人静静祈祷,等待着圣父的到来。
我有幸坐在特别嘉宾区域,并获得亲自接受教宗问候与祝福的机会。然而,那天最令我印象深刻的,并不是即将与教宗见面的那一刻。
就在轮到我上前之前几分钟,一件意想不到的事情发生了。来自意大利普利亚大区马尔蒂纳·弗兰卡的81岁神父迭戈·塞梅拉罗(Diego Semeraro),在烈日下等待时突然感到身体不适。随后,他失去意识倒在地上,由于失去平衡,头部撞到了台阶,引起了周围人们的担忧。
当许多人还没来得及弄清楚发生了什么时,教宗良十四世立刻中断了正在进行的公开接见活动。接下来发生的一幕,让整个广场瞬间安静下来。
我亲眼看到教宗快步走向那位神父。他跪在神父身旁,将一只手轻轻放在对方头上,低声询问他的情况。他的脸上流露出担忧,但同时又保持着令人安心的平静。与此同时,他还协助前来救助神父的人们进行处理。
那一刻,仿佛时间停止了。烈日依旧照耀着广场,数千人的目光都集中在圣父身上。大约一分钟后,当确认塞梅拉罗神父已经脱离危险时,现场爆发出一阵热烈而感人的掌声。
这些掌声并不仅仅献给教宗。人们所看到的,不只是天主教会的最高领袖,更是一位愿意停下脚步帮助陌生人的普通人。那是一个简单的举动,却充满了人性的光辉。
后来媒体报道称,当塞梅拉罗神父恢复意识后,惊讶地问道:“圣父,真的是您吗?”
公开接见恢复后,终于轮到我上前与教宗见面。
当我站在他面前时,我向他提起了三十多年前的一段往事。那时,他还在秘鲁北部的特鲁希略工作。我曾见过他。岁月已经过去太久,我已记不清当时是在什么场合,也不记得彼此说过什么。但我始终记得,当年那个在秘鲁默默服务的神职人员,竟然有一天会成为全世界天主教会的领袖,这是我从未想象过的事情。
三十多年后,能够在梵蒂冈这样一个特殊的地方再次与他相见,让我感慨万千。尽管经历了一整天紧张而忙碌的活动,又刚刚处理完那场突发事件,教宗依然认真听完了我的讲述,并以亲切温暖的微笑回应我。
我向他赠送了自己用西班牙语撰写的两本著作,并借此机会感谢他向上海佘山圣母朝圣地送上的祝福,以及他对中国山西省矿难遇难者所表达的关怀与慰问。同时,我也向他转达了旅居秘鲁华人社区以及许多中国天主教信徒的问候。教宗认真听完我的话后,向我表示感谢,并请我将他的祝福带给中国人民。这是一句简单的话,却深深触动了我。
对于一个离开故土多年的人来说,在圣彼得广场听到这样的话,具有非常特殊的意义。除了见到圣父之外,我还有机会与教宗的私人秘书——埃德加·里迈库纳·因加神父(Edgar Rimaycuna Inga)交谈。
作为一位秘鲁人,他的存在让我感到格外亲切。在公开接见期间,他十分热情地接待了我,并像欢迎一位同胞一样向我表示欢迎。正是这样的温暖举动,让原本庄严肃穆的梵蒂冈,也多了一份亲近与人情味。
Revista Oriental Integrando las Comunidades Asiáticas del Perú y América
